La policía de Colombia informó este miércoles que incautó 49 toneladas de coltán y estaño extraídas por rebeldes disidentes de las FARC en una región selvática fronteriza con Venezuela cuando estaban a punto de ser enviadas a China.
La demanda global de coltán se ha disparado porque de este se obtiene tantalio, un metal utilizado para la fabricación de celulares, computadores e incluso armas. Su explotación genera graves conflictos ambientales y sociales en varias regiones del mundo.
El decomiso dejó "seis capturados y un golpe contundente a las finanzas criminales que destruyen los recursos naturales", dijo el Ministerio de Defensa en X.
El cargamento interceptado en la ciudad de Villavicencio es producto de la minería ilegal en Guainía y Vichada (este), dos departamentos selváticos casi deshabitados de enorme biodiversidad que limitan con Venezuela.
"Pretendía ser comercializado en el mercado internacional, con China como destino final a través del puerto de Cartagena", dijo en un comunicado el brigadier general José James Roa Castañeda, director de Carabineros y Protección Ambiental.
Guerrillas y redes criminales instrumentalizan a indígenas de esas regiones mediante el pago de unos 7 dólares por kilogramo de coltán extraído, que en Bogotá alcanza los 20 dólares antes de duplicar su precio al llegar a mercados de Asia y Europa, según la institución.
Las autoridades colombianas valoraron el cargamento incautado en 1,2 millones de dólares.
"Esta es la minería ilegal que desarrolló alias Iván Mordisco y que estamos desmantelando", aseguró el presidente colombiano, Gustavo Petro, en referencia al líder de una facción de las disidencias de las FARC que rompió diálogos con su gobierno.
El rastreo al tráfico ilegal del coltán en Colombia cuenta con el apoyo de la oficina estadounidense de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), que ahora busca establecer cuáles otros países compran estos cargamentos ilegales, según el ministerio de Defensa.
Grupos criminales de Colombia se financian con la minería ilegal de coltán, estaño y oro financia, una actividad que arrasa bosques, contamina ríos y pone en peligro a comunidades indígenas que subsisten de la selva.
Con Información por AFP
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