En 2024, Bogotá experimento una serie de eventos climáticos extremos que pusieron en evidencia su vulnerabilidad ante el cambio climático. El año comenzó con incendios en los cerros orientales y culminó con embalses por debajo del 50% de su capacidad, lo que llevó al alcalde Carlos Fernando Galán a declarar la crisis climática como una prioridad en su administración.
El fenómeno de El Niño provocó sequías y temperaturas elevadas, obligando a la implementación de medidas de emergencia, incluyendo el racionamiento de agua debido a los niveles históricamente bajos de los embalses.
En noviembre, lluvias torrenciales agravaron la situación, inundando vías principales como la Autopista Norte y afectando la movilidad de la ciudad.
La ministra de Ambiente, Susana Muhamad, advirtió sobre los riesgos de inundación y escasez de agua potable que enfrenta la capital debido a eventos climáticos extremos, instando a la adopción de medidas urgentes como la recolección de agua lluvia y el uso de pozos profundos en la Sabana de Bogotá.
El alcalde Galán presentó estrategias ambientales para el cuidado del agua, destacando la construcción de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Canoas, que tratará el 70% de las aguas residuales de Bogotá y el 100% de las de Soacha, como parte de los esfuerzos para mitigar los efectos del cambio climático en la ciudad.