A menos de 36 horas de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Donald Trump regresó a avivar las preocupaciones sobre un posible fraude electoral. En sus declaraciones, el expresidente de 78 años centró sus ataques en tres estados clave: Pensilvania, Carolina del Norte y Georgia. Estos estados son considerados esenciales para decidir el resultado de la contienda electoral.
Durante un mitin en Pensilvania, Trump acusó a los demócratas de ser “malignos” y sugirió que no aceptará una posible derrota en los comicios. Aunque no hay evidencia que respalde sus afirmaciones sobre fraude electoral, Trump afirmó que los demócratas luchan muy duro para robar las elecciones. Sus palabras reflejan una estrategia que ha utilizado a lo largo de su carrera política, donde a menudo cuestiona la legitimidad de los procesos electorales.
La retórica de Trump en torno al fraude electoral fue objeto de críticas y controversias. En varias ocasiones, analistas y funcionarios electorales desmintieron sus afirmaciones, enfatizando que las elecciones en EE. UU. se llevan a cabo bajo estrictas regulaciones que previenen el fraude. No obstante, este tipo de discurso parece resonar con sus seguidores, quienes comparten preocupaciones similares sobre la integridad de las elecciones.
Mientras tanto, los observadores electorales se preparan para un día crucial en la democracia estadounidense, en un contexto donde el clima político se ha vuelto cada vez más polarizado. Los comentarios de Trump podrían influir en la percepción pública y el comportamiento de los votantes, especialmente en un momento en que las tensiones son altas y la participación electoral es fundamental para el futuro del país.